Redacción
Durante años, el lujo inmobiliario en México se explicó con una fórmula simple: ubicación, tamaño y materiales caros. Esa fórmula ya no alcanza. El comprador de alto nivel de esta década —más joven, más viajado, más expuesto a estándares internacionales de diseño— busca algo distinto: privacidad real, personalización, eficiencia energética, tecnología integrada y, sobre todo, espacios que digan algo sobre quién los habita. El lujo dejó de ser una cantidad y se convirtió en un lenguaje.

Este cambio ha puesto presión sobre un sector que, en México, se construyó históricamente sobre la lógica de la constructora tradicional: empresas fuertes en ejecución, coordinación de obra y manejo de grandes clientes corporativos, pero no necesariamente diseñadas para competir en el terreno de la arquitectura de autor o el interiorismo de alta gama. El reto para muchas de estas firmas es doble: conservar la solidez operativa que las hizo confiables durante años, y al mismo tiempo incorporar una sensibilidad de diseño que hasta hace poco era terreno exclusivo de estudios boutique o firmas internacionales.

Una de las respuestas a este reto viene de Grupo TSGM, constructora que inició operaciones en 2020 enfocada en construcción, mantenimiento e infraestructura para clientes corporativos y organizaciones de gran escala. Tras varios años consolidando capacidades de planeación, supervisión y ejecución de obra, la empresa identificó lo mismo que enfrenta buena parte del gremio: que ejecutar bien ya no es suficiente para competir en el segmento premium, y que el verdadero valor está en comprender al cliente, resolver problemas de raíz y convertir una idea en un espacio que perdure. Esa lectura llevó al Grupo TSGM a crear una división enteramente dedicada al diseño y la arquitectura de alto nivel: Athar.
La apuesta por una generación distinta
La forma en que Grupo TSGM decidió resolver ese reto es, en sí misma, parte de una tendencia más amplia en la industria: constructoras y desarrolladoras con trayectoria están recurriendo a arquitectos jóvenes, formados fuera de los circuitos tradicionales, para liderar sus áreas de diseño. La razón es simple —esa generación trae referencias, herramientas y sensibilidades que no siempre existen dentro de las estructuras consolidadas.
En el caso de Athar, esa dirección creativa quedó en manos de Deborah Benítez Moreno, arquitecta con trayectoria y formación vinculada a Valencia, España, una de las ciudades europeas con mayor actividad en arquitectura contemporánea. Su incorporación no es un gesto simbólico: es la pieza central de la estrategia. En lugar de replicar el modelo de lujo que ya domina el mercado local, Grupo TSGM optó por una directora creativa con visión internacional, ajena al circuito mexicano tradicional, para diseñar desde otro punto de partida.

“El nuevo lujo no consiste únicamente en construir espacios costosos, sino en crear lugares con identidad, significado y una huella capaz de permanecer.”
Bajo la dirección de Benítez Moreno, Athar reúne diseño arquitectónico, desarrollo inmobiliario, interiorismo, remodelaciones de alto nivel y selección de acabados y materiales premium, con dirección integral de proyectos residenciales y corporativos, en colaboración con arquitectos y especialistas externos.
Diseñar para que algo permanezca
El nombre elegido para esta nueva etapa no es casual. Athar es una palabra de origen árabe que remite a huella, vestigio o legado: aquello que permanece. Es, casi de forma literal, una respuesta al problema que enfrenta buena parte del sector: cómo diferenciarse en un mercado saturado de proyectos que se ven costosos, pero que rara vez dejan una impresión duradera.
Ese principio se traduce en el lema de la marca, “Luxury, by design.”: el lujo entendido como resultado de la intención —proporción, materiales, luz, funcionalidad, detalle— y no como sinónimo de exceso.
La apuesta de Grupo TSGM y Deborah Benítez Moreno anticipa una pregunta que cada vez más firmas del sector inmobiliario y de construcción en México tendrán que responder: si el lujo ya cambió de definición, ¿qué empresas están dispuestas a cambiar también su forma de diseñarlo? Athar es, por ahora, una de las primeras respuestas concretas a esa pregunta.
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