Redacción
- En México trabajan 1.8 millones de albañiles y trabajadores de la edificación.
- Su escolaridad promedio es de 7.7 años, equivalente a secundaria incompleta.
- 7% desarrolla su actividad en la informalidad.
- La actualización técnica incrementa la calidad de las obras, reduce desperdicios y abre oportunidades de autoempleo.

Cuando se habla del déficit de vivienda en México, normalmente la conversación gira alrededor del financiamiento, el precio del suelo o la falta de oferta. Sin embargo, pocas veces se analiza un componente igual de importante: la preparación de quienes construyen millones de hogares todos los días.
Los datos ayudan a dimensionar el reto.
Actualmente existen 1.8 millones de albañiles y trabajadores dedicados a la edificación de construcciones, quienes perciben un ingreso promedio semanal de acuerdo a su espeicialidad en un rango de 3,000 a 10,000 pesos, tienen una edad promedio de 44 años y registran apenas 7.74 años de escolaridad, es decir, un nivel equivalente a la secundaria inconclusa. Más preocupante aún, 91.7% trabaja en la informalidad, sin acceso a programas permanentes de capacitación o certificación técnica.

Estas cifras revelan uno de los grandes desafíos para el sector construcción: la mayoría de quienes edifican el patrimonio de millones de familias aprendieron el oficio por transmisión de conocimientos entre generaciones y experiencia en obra, pero no necesariamente mediante procesos formales de actualización.
Y eso ocurre precisamente en un momento en el que la industria evoluciona a gran velocidad.
Hoy existen nuevos adhesivos, morteros especializados, sistemas de impermeabilización, soluciones para aislamiento térmico, recubrimientos cerámicos de gran formato, herramientas digitales y materiales de mayor desempeño que requieren procedimientos específicos de instalación.
Una mala aplicación puede traducirse en filtraciones, desprendimientos, desperdicio de materiales, sobrecostos e incluso riesgos estructurales. Por ello, especialistas del sector coinciden en que la capacitación ya no es un valor agregado; es una necesidad para elevar la calidad de la vivienda mexicana.
“Hoy el mercado exige trabajadores cada vez más preparados. Un albañil que conoce nuevas técnicas, entiende las especificaciones de los materiales y trabaja bajo buenas prácticas puede ofrecer un servicio de mayor calidad, generar confianza con sus clientes y acceder a mejores oportunidades económicas“, afirma Óscar Montoya, Gerente General de Materiales San Cayetano Express®.

La profesionalización una estrategia para incrementar la productividad de la industria.
Diversos fabricantes estiman que una correcta instalación puede reducir significativamente el desperdicio de materiales y disminuir las reparaciones posteriores, factores que impactan directamente en el costo final de una vivienda. Pero quizá el beneficio más importante ocurre en el bolsillo del trabajador.
Un albañil que incorpora nuevas especialidades —como colocación de porcelanatos de gran formato, instalación de sistemas impermeables, acabados decorativos o soluciones constructivas innovadoras— puede ampliar su cartera de servicios, acceder a proyectos mejor remunerados e incluso iniciar un negocio propio.
En otras palabras, la capacitación se convierte en una herramienta de movilidad social y de generación de autoempleo.
Con esa visión, cada vez más distribuidores de materiales han comenzado a transformar sus puntos de venta en espacios de formación técnica.
Es el caso de Materiales San Cayetano Express® que desarrolla un programa permanente de capacitación gratuita en sus ocho sucursales —ubicadas en Ticomán, Ecatepec, Barragán (Doctores), Cuautepec, Teoloyucan, San Juan Zitlaltepec, Pantitlán y Melchor Ocampo— donde especialistas de fabricantes nacionales e internacionales comparten conocimientos prácticos sobre nuevos sistemas constructivos, instalación de materiales, , impermeabilización, acabados y mejores prácticas en obra.
Más que cursos comerciales, estos encuentros buscan acercar conocimiento técnico a trabajadores independientes, maestros de obra, contratistas y personas que participan en la autoproducción de vivienda, un segmento que representa una parte significativa del desarrollo habitacional del país.
“Nuestro compromiso va más allá de comercializar materiales. Queremos contribuir a que las personas que construyen México tengan acceso al conocimiento, porque una mejor capacitación significa mejores viviendas, mayor productividad y nuevas oportunidades de crecimiento para miles de familias”, señala Montoya.
La vivienda del futuro no dependerá únicamente de materiales más resistentes o tecnologías más eficientes. También requerirá trabajadores mejor preparados. Porque detrás de cada muro bien construido existe algo más importante que el cemento o el ladrillo: existe conocimiento.
Y en un país donde millones de familias siguen construyendo su patrimonio paso a paso, invertir en la profesionalización del albañil puede convertirse en una de las decisiones con mayor impacto económico y social para las comunidades.
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